Archive for 13 diciembre 2009

Ojos en las pinturas

diciembre 13, 2009

REMBRANT, Harmensz van Rijn.
Retrato de la hermana Lisbeth van Rijn, 1633
Museo nacional de Bellas Artes, Buenos Aires
La primera vez que recuerdo sentirme emocionado viendo lo que realmente se podía hacer dibujando ojos en el arte fue al ver un dibujo en sepia hecho por Rubens, en este boceto de un retrato de una joven el genial pintor le había agregado algo más a la mirada de la muchacha, una textura especial , vidriosa, que le sumaba una profunda emoción y verdad al retrato, algo que sólo un gran maestro maneja en su justo punto, con resultados siempre frescos y novedosos a pesar de los años que han pasado de realizada la obra.

También recuerdo en mis primeros años de estudiante de Bellas Artes algo asi como un aturdimiento causado al ver por primera vez un retrato que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, es la pintura de una mujer joven, con el cuerpo y cabeza en tres cuarto perfil, que solamente “mueve” sus ojos para vernos, aparentemente es lo único que tiene movimiento , eso  le da una gran potencia a la mirada del retrato. Lo maravilloso después es lo que  hace Rembrandt con uno de los ojos del retrato, ubica el ojo izquierdo justo en el centro superior del cuadro, que desde ese lugar a la vez preponderante y estático irradia una fuerza extraña, que parece iluminar como una linterna el rostro de la mujer. Rembrandt juega una y otra vez con lo estático y lo dinámico. La mirada del retrato fijamente hacia el espectador plantea la paradoja del observador observado y una suerte de espejo entre la realidad, la vida, y ese aparentemente inmóvil mundo del plano poético, que día a día pide nueva vida al público.
Quizás en muchos de mis cuadros de la serie surrealista se ha perdido el resto del retrato y sólo los ojos han quedado en la obra, testimonio de los ojos del pintor revelados en la tela que ahora dentro de ella miran hacia afuera.

flores-ojos

” flores ojos” , acrylic on canvas, 70 x 100cm. 2002

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Las tres partes

diciembre 5, 2009

(El Hombre de Vitruvio , dibujo de Leonardo da Vinci)

Es una posibilidad de composición dividir la obra en tres partes: una mayor, una mediana y una menor, siguiendo una lógica de proporción de crecimiento, como pasa en algunos casos en la naturaleza, por ejemplo en la espiral del caparazón del caracol o en las nervaduras de hojas de los árboles.

Entonces  el plano en la pintura se puede ordenar dividiéndolo en tres porciones, como también dentro de la perspectiva es interesante delimitar tres lugares principales en el espacio o se puede ordenar los colores y valores en tríadas: un color dominante un segundo asociado y un tercero como acento.

En la antigüedad y después perfeccionado por los renacentistas se uso el número algebraico Phi como la llave de esta proporción, una perfecta combinación de las partes que se repite tanto en la naturaleza como en el Arte, que se llamó  número áureo o número divino.

En el proceso artístico lleno de irracionalidad y en trance inspirativo es difícil que se pueda introducir esta cifra o proporción perfecta, en cada curva, ángulo y forma, pero sí es posible usar el recurso sencillo de dividir en tres partes proporcionadas los diferentes componentes y así ordenar el espacio para luego contradecirlo.

Espiral con triángulos 2, acrylic on canvas, 45 x 63 cm. 2013