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El artista romántico

octubre 19, 2013
Para los artistas del segundo siglo renacentista la instalación de la Academia clasicista dio el marco para terminar de poner a las Artes Plásticas en igualdad con la Música o la Poesía. Fue necesario establecer un esqueleto teórico que les aportó el sustento intelectual, prueba fundamental de su nobleza.
El  Arte para liberarse de su parte artesanal se tiene que liberar de  la materia. Separado de la artesanía, Arte  es lo intangible, todas las intenciones del artista y las lecturas que se le puede dar a esas intenciones que están expresadas en la obra, que adquieren una nueva dimensión y valor en su contexto. La obra es sólo un vehículo para lo que en definitiva será pensamiento puro expresado en un lenguaje universal.  El  Arte no vive en las obras sino en los pensamientos que expresamos sobre ellas, el acto etéreo de pensar, de interpretar una obra,  es la verdadera esencia del  “hacer” Arte, y entonces las nuevas obras necesariamente nacerán de una reinterpretación, de una dialéctica entre artistas y también entre épocas.
Las academias  al poco tiempo de su creación rápidamente fueron socias o herederas de los poderosos gremios medievales puesto que como ellos tuvieron la potestad de acepar  o expulsar a sus miembros, medir niveles de calidad, otorgar membrecías, escalas, y certificados, aconsejar a los mecenas, influenciar en la decisión de los encargos de la iglesia, del estado  o de la ascendente  burguesía.
Entonces algo que  en un principió sirvió para el progreso de los artistas, luego fue  tornándose conservador, quizás más que los propios gremios.

Aunque su aporte ya lo habían hecho: otorgarle a un  objeto que antes era algo dudosamente decorativo y sospechosamente dependiente de habilidades manuales, su espíritu, su ideología, el Arte tiene que ver con un acto del pensamiento , más que con el acto de hacer un objeto, y esto iba a ser el elemento de cambio en el futuro.

De ahora en más no podrá haber un arte importante para la historia sin tener un armazón teórico que lo apoye, lo justifique, y también sirva a modo de defensa contra teóricos “contrarios” de los otros movimientos.

 En  el siglo XVIII,  llegó la institucionalización de las academias, más organizadas y articuladas con el Estado, la escuela Neoclásica otorgó escalas de valor a los distintos estilos históricos del Arte de Europa, y surgió más que nada de una pretensión de “corregir” la aventura realista del Barroco que se había desviado de los objetivos idealistas del Renacimiento.

 Las academias clasicistas del arte europeo y el Neoclásico en especial trataron de instalar lo que parecía iba a ser el Arte para los próximos mil años, pero la realidad es que en poco tiempo un gran movimiento nuevo pondría todo en duda y en crisis.

A finales del siglo XVIII la crisis se llamó Romanticismo, un cambio radical ideológico en respuesta a la organización  escolástica sustentada en la Ilustración  y la Razón.

Los artistas románticos no estaban en contra de la intelectualización del arte sino más que todo de las nuevas instituciones de validación que se estaban formando, y proclamaron una idea de libertad que ya estaba presente en los grandes artistas desde mucho antes pero que en ese momento pareció ser un golpe definitivo para las instituciones de arte.

El Arte no puede ser definido ni elegido por una institución, ni por un grupo de notables, ni por el estado, ni aún tampoco por el público contemporáneo que es cambiante y puede naufragar fácilmente en modas.  Será Arte entonces lo que decida el artista,  no necesitará más que su voluntad para serlo,   no necesitará ser aceptado o pertenecer a ninguna academia ni gremio, ser artista va a ser una decisión personal, individual.

Entonces el Romanticismo fue la primera gran vanguardia antiacadémica y desde esa época hasta hoy vamos a ver la repetición de esta contraposición histórica, la instalación de academias y por el otro lado, artistas que en grupo o solitarios con mejor o peor suerte las desafían.

Como en el primer Romanticismo, como ahora, es nuestro deber como artistas, que nuestros anhelos de cambio, nuestro pensamiento, no se anestesien en la comodidad del gremio, no podemos adormecernos y transar elogios a cambio de endulzar nuestro arte, hacer un arte aburguesado y aceptado por las academias del momento.

El  arte del futuro será el que rompa con las  estructuras escolásticas, con los gremios, el que sólo necesite de su propia fuerza, dada por la imaginación.
los-gauchos
“los gauchos”, acrylic on canvas, 100 x 130 cm year 2003
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